RECURSOS

Recursos para tu camino

Este espacio fue creado con mucho amor y conciencia, pensado para que puedas tener a mano información, inspiración y acompañamiento en distintos momentos de tu proceso.

Vas a encontrar artículos, reflexiones y herramientas sobre emociones, autoconocimiento, vínculos, síntomas del cuerpo, y mucho más. Todo con un enfoque integrador desde la consultoría psicológica y la biodecodificación.

Podés leer, compartir o guardar lo que resuene con vos. La intención es que este espacio sea una especie de refugio emocional y también un faro, donde cada palabra te acerque un poquito más a vos.

Porque no siempre tenemos las respuestas, pero a veces, una sola lectura nos recuerda por dónde empezar.

Algunos de los temas que vas a encontrar: • ¿Qué me está queriendo decir este síntoma? • Vínculos que duelen y cómo empezar a soltarlos • Cómo saber si estoy viviendo desde mi deseo o desde el deber • La ansiedad como señal: no estás rota, estás escuchándote • Ejercicios simples para reconectar con vos • La importancia de habitar lo que siento, aunque duela

¿Qué me está queriendo decir este síntoma? – La obesidad como mensaje del cuerpo

La obesidad no es solamente un tema estético. Tampoco es simplemente una “cuestión de voluntad”, como muchas veces se cree desde afuera. Detrás de un cuerpo que acumula peso hay una historia, hay emociones no dichas, hay heridas que tal vez aún no encontraron palabras.

Desde una mirada integradora, la obesidad puede ser comprendida como un síntoma con sentido, un mensaje del cuerpo que nos habla de algo más profundo: una forma de protegernos, de sobrevivir, de llenar vacíos o de poner un límite invisible al mundo exterior.

� ¿Qué estoy necesitando retener?
� ¿Qué me da seguridad?
� ¿Qué estoy intentando anestesiar o tapar?

A veces, el exceso de peso es una manera inconsciente de evitar ser vista/o, o al contrario, de ocupar un espacio cuando emocionalmente no nos sentimos valiosos. Puede hablar de carencias afectivas en la infancia, de haber recibido “amor en forma de comida”, o de haber aprendido que cuidarse es lo mismo que controlarse.

También puede ser una forma de auto-protegerse de abusos, de la exposición, del rechazo, de la vergüenza o del abandono. El cuerpo se vuelve un escudo.

Desde la biodecodificación, el sobrepeso puede estar relacionado con un “conflicto de desarraigo”, con memorias de abandono, de pérdida o incluso de lealtades familiares invisibles (como cargar con historias que no son nuestras).

Y desde la consultoría psicológica, podemos trabajar en un espacio donde la persona pueda ser escuchada sin juicio, pueda contar su historia y empezar a comprender su síntoma no como un enemigo, sino como una parte de sí que está pidiendo atención y cuidado.

¿Qué podés hacer?

• Empezar a mirar el síntoma como una señal y no como un error.
• Hablar de lo que duele. Ponerle palabras al hambre emocional.
• Preguntarte si estás cargando con más de lo que podés.
• Dejar de culparte: tu cuerpo hizo lo que pudo para protegerte.
• Abrirte a un proceso de transformación emocional, desde el amor y no desde el castigo.

Recordá: el cuerpo no está roto, está hablando. Y vos no estás sola/o.

Vínculos que duelen y cómo empezar a soltarlos

Hay vínculos que nos construyen, que nos sostienen, que nos hacen bien.
Y hay otros que, aunque alguna vez nos dieron amor, hoy duelen.
Duelen en el cuerpo, en el alma, en los pensamientos que no paran, en la angustia que se siente sin saber por qué.

A veces seguimos atados a personas que ya no están, o que están, pero de formas que nos rompen.
Nos cuesta soltar porque hubo momentos hermosos, promesas, ilusiones. Porque nos enseñaron que el amor todo lo puede.
Pero no. El amor no es sufrimiento constante, ni confusión, ni manipulación.
El amor nunca debería doler.

¿Cómo empiezo a soltar un vínculo que me duele?

1. Reconociendo el dolor.
Lo primero es dejar de minimizar lo que sentís. Si duele, duele. Y es válido. No lo justifiques. No te digas que exagerás. Escuchate.

2. Aceptando que ya no alcanza.
A veces amamos mucho, pero eso no es suficiente. Un vínculo sano se construye entre dos. No alcanza con que solo vos quieras.

3. Poniendo límites, aunque duela.
Soltar no siempre es desaparecer. A veces es empezar a decir “hasta acá”. Dejar de explicar tanto. Respetarte más.

4. Entendiendo qué patrón se repite.
¿Siempre atraés lo mismo? ¿Qué aprendiste del amor? ¿Con quién te estás vinculando emocionalmente? Acá la biodecodificación y el counseling pueden ayudarte a mirar tu historia con otros ojos y romper ciclos heredados.

5. Armando una red de contención.
No tenés que hacer todo sola/o. Buscá espacios donde puedas hablar, compartir, sentirte contenida/o. Empezar a sanar también es dejarse acompañar.

Soltar no es un acto frío. Es un gesto de profundo amor hacia vos. Es decir: merece ser amado quien soy ahora, no quien tengo que dejar para estar con alguien.
Y aunque el proceso sea doloroso, del otro lado hay algo que te espera: vos misma/o, más libre, más entera/o, más viva/o.

¿Estoy viviendo desde mi deseo o desde el deber?

Hay momentos en los que algo adentro nuestro empieza a incomodar. Como una sensación difusa, un “no sé qué” que nos pesa al despertar, una tristeza silenciosa que se instala cuando nadie nos ve. Y muchas veces, esa incomodidad nace de vivir una vida que no elegimos del todo… Una vida construida más desde el deber que desde el deseo.

¿Qué significa vivir desde el deber?

Significa seguir mandatos, rutinas, elecciones que no nos representan pero que “deberíamos” hacer:
Ser la hija perfecta, la pareja ideal, tener un trabajo estable, no fallar, no enojarse, no decepcionar.
Vivir para responder a las expectativas externas.
Complacer. Agradar. Encajar.

Y en ese camino, muchas veces nos vamos perdiendo.

Vivir desde el deseo, en cambio, es otra cosa.

Es escucharte de verdad. Es permitirte preguntarte:
• ¿Qué quiero yo?
• ¿Qué necesito?
• ¿Qué me hace bien, incluso si no cumple con lo que se espera de mí?

Vivir desde el deseo no siempre es fácil. Da miedo. Porque puede implicar decepcionar a otros, cambiar de rumbo, renunciar a seguridades. Pero también es el camino más genuino hacia vos misma/o.

Señales de que estás viviendo desde el deber:

• Sentís agotamiento sin razón aparente.
• Hacés todo “bien” pero nada te llena.
• Te cuesta decir que no, aunque algo te incomode.
• Tenés una sensación constante de insatisfacción.
• Vivís en función de lo que los demás esperan.

Y cómo empezar a volver al deseo:

• Permitite dudar. El deseo empieza cuando te preguntás si eso que hacés es realmente tuyo.
• Escuchá tu cuerpo: el deseo se siente liviano, el deber se endurece.
• Empezá por cosas pequeñas: elegí algo solo porque sí, porque te gusta.
• Buscá espacios de acompañamiento donde puedas reencontrarte con vos.

Vivir desde el deseo no es egoísta. Es honesto.
Y muchas veces, lo que más necesita el mundo de vos es que seas vos misma/o, auténtica/o, en paz con tu deseo.

La ansiedad como señal: no estás rota, estás escuchándote

La ansiedad muchas veces aparece como una intrusa.
Nos acelera el cuerpo, nos agita los pensamientos, nos roba el sueño.
Sentimos que estamos por perder el control, que algo malo va a pasar… y no sabemos ni por qué.
Pero, ¿y si te dijera que la ansiedad no viene a destruirte, sino a mostrarte algo?

La ansiedad no es el problema en sí. Es el síntoma de algo más profundo.

Es el cuerpo avisando que algo no está bien, que estás desconectada/o de vos, que estás corriendo detrás de exigencias que ya no podés sostener.

Es una forma en la que tu ser grita:

“¡Escuchame! Hay algo que necesita ser visto, sentido, atendido”.

Tal vez te estás haciendo cargo de todo.
Tal vez estás viviendo una vida que no elegiste.
Tal vez estás conteniéndote tanto que ya no hay lugar para vos.

Desde la consultoría psicológica, trabajamos la ansiedad no para taparla, sino para entenderla. Para que puedas volver a habitarte con presencia, a bajar el ruido interno, a nombrar lo que te pesa. Desde la biodecodificación, exploramos qué emociones no expresadas, qué miedos heredados o qué historias pasadas pueden estar resonando hoy en tu cuerpo.

Algunas preguntas que podés empezar a hacerte:

• ¿Qué me está queriendo decir esta ansiedad?
• ¿Qué necesidad no estoy escuchando?
• ¿Qué partes mías estoy tratando de controlar o callar?
• ¿Qué me da miedo si suelto?

Recordá:

No estás rota.
No estás exagerando.
No estás sola/o.
Tu ansiedad no es una falla, es una señal de que algo en vos quiere despertar.
Y acompañarte a escucharlo, puede ser el comienzo de un camino muy profundo hacia vos misma/o.